Prehistoria

En qué lugar ponemos el arte

Por María Matilde Prezioso · Imagen: Sol López

prehistoria

Ya hace frío en La Plata y me acerco a conocer el espacio Vil Teatro. La obra es “casi” un estreno, así lo define una de las cuatro intérpretes cuando, antes de dar sala, se acerca a conversar con algunos amigos.

Cuatro cuerpos femeninos afectados por el detalle paulatino que se inicia en la mirada hacia un punto fijo en que se suspende el tiempo. Rostros transmutan un devenir similar al del cuerpo butoh pese a que la formación de las intérpretes proviene del campo de la danza contemporánea occidental. Poco a poco las repeticiones de movimiento encuentran medición estriada logrando ritmos emparentados con lo folclórico al oponer taconeos en dos y tres tiempos. Manos expresivas vinculan la continuidad gestual del rostro al natural y los líquidos que se integran al discurso de la danza, babeos o casi llantos, para concluir en emisiones vocales guturales extremadamente agudas. Las axilas de unos brazos que se separan del torso en la durabilidad imperceptible comparable al crecimiento de una planta ofrecen una vista particular del aire; da la impresión de no ser un aire que corre porque no se desplaza algo, sino que está detenido.

Llamase “prehistoria” a aquello que precede a la palabra escrita.

La aparición de la escritura en la historia de la humanidad da cuenta de una expresión simbólica, de una ganancia, de un peldaño alcanzado hacia la perfectibilidad humana. Anterior a la historia es la prehistoria. A la luz de la decodificación que posibilita la lectoescritura iniciada en la era que se denomina historia lo individual pasa a ser colectivo, el pesar encuentra en quien lee una recepción, un alma, ya no hay viento frío. A la prehistoria quedaría contrapuesta la luz.

¿Por qué el título “Prehistoria”? ¿Obedece a algún episodio perteneciente al pasado de la guionista creadora? ¿Alude acaso la voluntad de abandonar una etapa anterior para dar vuelta de página y salir de la escena, de ésta escena, hacia el lugar exterior del fuera de obra?

En la puesta destaco dos partes: la primer parte danza; la segunda música. Como espectadora advierto en la oposición de ambas una correspondencia de temas que vienen a justificar el título. La primer parte, danza, corresponde a la prehistoria. Las cuatro intérpretes danzan la prehistoria en ese devenir de máscaras de asombro, de impavilidad; en ese resonar de otro en el propio cuerpo; en la exacerbación del gesto y la consecuencia del deslizamiento. La segunda parte de la obra, música, corresponde a la historia. La música que, podría suponerse o percibirse, pertenece a la era de la escritura posterior a la Edad Media. Haendel, una bella versión de aria de la ópera Rinaldo. Repertorio sacro que llega a nosotros gracias a la notación musical.

Ficha técnica: Creación y performance: Roxana Galand, Yanina Rodolico, Mercedes Claudeville, Valeria Martínez | Asistencia: Soledad Gutiérrez | Dirección: Valeria Martínez.

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Funciones sábados 3 y 10 de junio de 2017. Vil Teatro, Ciudad de La Plata. Ver: girocartelera.com/prehistoria

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